Somos los, o las hijas, de los que no fuimos a terapia, herederos de un legado de silencio y dolores no expresados, llevamos en nuestra piel, batallas de nuestros padres que no pudieron o no supieron pelear.
Crecimos bajo la sombra de traumas no resueltos, de miedos encubiertos, sueños rotos y heridas no sanadas.
La vida nos enseñó a ser fuertes, pero no vulnerables. La vida nos enseñó a sobrevivir pero no a sanar.
-anónimo-
28/10/2024